Una obra clásica es la que permanece en el tiempo. Puede hacerlo porque de algún modo viene a decirnos algo nuevo, o de nuevo; se dice que son atemporales porque los temas a los que aluden también lo son. En este caso, Antígona, la tragedia de Sófocles, es una de las que más se ha adueñado el teatro y la literatura con numerosas representaciones, reescrituras, versiones y adaptaciones. Lecturas, si se quiere, que van resignificando el texto original, con miradas contemporáneas que la ponen a tono de nuestra época.

"La breve historia de ella (variaciones acerca de Antígona)" destaca, como su título lo indica, variaciones de la mítica tragedia, que funciona como un punto de partida en el trabajo dramatúrgico de Pablo Delgado. "¿Y si esta historia sucediera hoy en día?" se pregunta desafiante en el texto del catálogo el autor. ¿Y si sucediera? Antígona, como se sabe, decide quebrantar la ley porque no le parece justa y obedece al mandato de los dioses; por eso, decide enterrar a su hermano muerto, aún a cuesta de su previsible condena. En la reescritura de Pablo Delgado algunos interrogantes clásicos se reformulan, hay otros que se añaden, y las palabras felicidad y juventud suenan potentes y atraviesan las demandas de Antígona.

En la puesta en escena hay dos grandes aciertos: la estructuración de la obra como relato (con una muy buena interpretación de Rodrigo Herrera), y la música en vivo ejecutada por Penélope Albornoz que, a la manera de una banda sonora crea, acompaña y acentúa el clima dramático durante 45 minutos.

El relator, a su vez, cuenta y organiza la historia, marca los tiempos y presenta el espectáculo ante el público. Es él quien brindará el primer dato que se desvía del mito, al exhibir un Creonte alejado de la imagen del cruel tirano, cuando duda y sufre la realidad, y hasta se arrepiente de la suerte de Antígona, que a último momento, sin éxito, intentará cambiar. Los trabajos de Juan Tríbulo y Daniela Villalba no tienen desperdicio: cuando ambos se encuentran, se enfrentan, el drama anunciado termina por desatarse; y la memoria activa se representa por medio del niño Ramiro Deza Figueroa. El director (el mismo Delgado) resuelve con soltura las situaciones, pero debería ajustar la cantidad de elementos puestos en juego en el escenario.